El hilo frágil


Mari Cruz Agüera
XII Certamen de Poesía María del Villar


Su voz, hilo frágil que pende del silencio, lleva aires del sur y un poema de Whitman en los labios; tiene cáscara de barro pero intactas las agallas, y cabalga desnuda sin piel ni espinas como feliz Godiva –mujer sola en bullicio– sobre el horizonte de viento que se extiende y desata por los puentes de palabras.

Gata domada con el corazón rugiendo gozo a la sombra del jardín vibrante, deja bostezar las cuatro garras porque sabe que lo suyo es ser feliz a toda costa. Dice no conocer los caminos del poema y que se disuelve en sus atajos al cauce de la tinta, mediante un viaje ineludible hacia el metabolismo de las palabras. Pero nos seduce con el susurro del canto de su risa:

Léeme muy despacio / las veces que me encuentres,
zambúllete en mis aguas / sin escafandra alguna (…)
y verás que en el fondo / puedo ser tu sirena.

Nací en Puerto de Mazarrón (Murcia) en 1967. No sé por qué, empecé a amar el sonido de las palabras cuando aún desconocía sus significados; escuchaba recitar a mi padre y sentía ciertas emociones que era incapaz de expresar. Así, intenté reproducir aquella cadencia con mi escaso vocabulario, aprendí de memoria muchos versos clásicos… y mis primeros poemas, torpemente rimados, fueron fruto del libre albedrío o de un proceso natural de imitación. Aquellos precoces coqueteos con las musas estuvieron durante años empapelando el fondo de mi cajón hasta que, en los años de bachillerato, mi profesor de Literatura me descubrió en un pequeño certamen de poesía que organizó entre los alumnos.

Entonces era una adolescente llena de sueños que bailaba sobre la cornisa invisible de la inocencia. -Que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde–; yo supe que iba en serio demasiado pronto, y eso me llevó al silencio que duró bastante tiempo. Durante esos años abandoné casi todo lo que me había importado alguna vez. Un día cualquiera para el resto del mundo, y único para mí, recuperé la voz. Desde entonces no he cesado de escribir, y esa necesidad de exhibir mi interior ha ido en aumento a medida que se alejaba del espejo la persona que siempre quise ser.

Se publicó mi primer libro Cardiopatías de amor (Ed. Regional de Murcia) en 2005, donde reuní una muestra de lo que había sido mi poesía desde los inicios hasta la fecha de edición. Ya en 2007, al resultar ganadora del III Premio de Poesía Plumier de Versos, se publicó mi poemario Travesía de náufrago en la colección Plumier de Versos (Nuño Ed.), junto a los otros cinco autores finalistas. En este poemario, Hilo frágil, he vuelto a escribir sobre el amor con una voz clara, cercana, en la que me escucho cada día.

He recibido otros premios que me sirvieron de empuje para no cesar en el empeño de dejar testimonio escrito de mi existencia. Pero han sido los poetas y amigos encontrados en el transcurso de mis días y sobre todo, el constante aliento de mi familia, los que han mantenido, pulido y propulsado el deseo de dar a conocer mis creaciones. A todos ellos (que bien saben quiénes son), mi agradecimiento por la fe que en mí profesan, la misma de la que carecí durante tanto tiempo. Ahora ya sé que, al igual que Gloria Fuertes, nací para poeta o para muerto, / escogí lo difícil / –supervivo de todos los naufragios– / y sigo con mis versos / vivita y coleando.




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