La séptima estrella. Un universo literario orbita alrededor de María del Villar Berruezo

Seguir las huellas de la experiencia artística de María del Villar Berruezo supone transitar un largo camino que en ocasiones se torna laberíntico. Para no perder el hilo, confiamos en las palabras que sobre ella y sus actividades escribieron personas (y personajes) de lo más variopinto. Periodistas, traductores, poetas y prosistas de ambos géneros fueron trazando sobre el papel el perfil de la mujer inquieta y voluntariosa que fue María del Villar.
Danzarina, poeta, conferenciante, narradora, inventora de “autobiografías”, estudiosa infatigable e investigadora, desarrolló todas esas capacidades porque fue mujer temperamental, concienzuda, aventurera, amistosa y muy generosa. ¿Y por qué lo sabemos? Porque a lo largo de cinco lustros, en la Fundación que lleva su nombre no hemos cejado de seguir sus huellas. En París, caminamos por la calle donde ella vivió la mayor parte de su vida, visitamos los teatros donde bailó y entrevistamos a personas
que le habían visto danzar o habían escrito sobre ella. Atesoramos artículos, programas, óleos, ilustraciones, partituras, vestuario. Guardamos con mimo su legado para poder ir desgranando poco a poco toda esa riqueza.
En el año 2015, fieles a nuestra labor divulgativa, editamos parte de sus poemas en una Antología titulada Parece que era ayer cuando en mis ojos claros. En 2016, reeditamos La Carpia, su burro y yo, el libro de relatos publicado por la Editorial Gómez en 1975. En La hora diáfana (2017) desvelamos otra faceta de la personalidad de esta mujer singular: la de cronista y mostramos itinerarios, personas, paisajes o acontecimientos, gracias a su depurada escritura.
Una larga y fecunda vida la de María del Villar Berruezo, desde el invierno de 1888, año de su nacimiento en Tafalla, al verano de 1977, año de su muerte en San Sebastián. Ochenta y ocho años signados por un derroche de energía extraordinario. Si quieren averiguarlo lean las páginas de esta nueva publicación. En ella descubrirán textos sorprendentes sobre la artista pero también las reseñas biográficas de quiénes las escribieron en el largo y ancho periodo de su vida. Mujeres y hombres de su época a quienes cautivó con sus danzas o con su escritura.
Cuarenta y seis mujeres y hombres de diferentes lugares del mundo (los que ella recorrió), de culturas diversas, que se cruzaron en su camino y fueron hechizados por el magnetismo de una mujer tan especial. De ese chispazo surgieron crónicas realistas, fantasiosas, excesivas, pomposas o verdaderas: huellas, al fin y al cabo, para recorrer el camino laberíntico que nos acerca hasta María del Villar, la Villarica, María, para sus más íntimas amistades.

Y apenas finalicen los aplausos,
ella desaparecerá
hacia el espejismo de otros lugares,
dejando a los que la han disfrutado
el recuerdo de su perfume
y el ferviente deseo de capturar
su inalcanzable aureola…
René des Herbiers
Burdeos, 5 de noviembre de 1925



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La hora diáfana

En la Fundación María del Villar Berruezo, activa desde el año 1997, todavía nos sorprende que esta mujer nacida a finales del siglo XIX (1988-1977) en un lugar humilde como Tafalla (Navarra), adquiriera de forma autodidacta una formación tan amplia. Modelándose a sí misma –cuerpo, carácter y sensibilidad– llegó a destacar entre las bailarinas de la época. Sus anhelos la llevaron a París. Su perseverancia la condujo a otros lugares de Europa y a otros continentes. Su capacidad de observación y la inagotable sed de aprendizaje, la iniciaron en la escritura de artículos, poemas y relatos. Sí, no deja de sorprendernos que su obra –danza o escritura– aparezca en permanente movimiento y en cada nueva aproximación revele matices deslumbrantes.

María del Villar sostenía que la danza era poesía en movimiento y como poeta se expresó. En la Fundación que lleva su nombre recopilamos en el año 2015 parte de sus poemas en una antología titulada Parece que era ayer cuando en mis ojos claros. En 2016, reeditamos La carpia, su burro y yo, el libro de relatos que había sido publicado por la editorial Gómez en 1975. El libro que presentamos en esta ocasión desvela otra faceta de la personalidad de esta mujer singular: la de cronista. Itinerarios, personas, paisajes o acontecimientos, gracias a la depurada escritura de María del Villar, renacen en La hora diáfana para que tras la sombra de la artista, penetremos en el metafórico jardín que ella cultivó con mimo y delicadeza.

En los años cuarenta del siglo pasado, María del Villar Berruezo se convirtió en viajera por necesidad. Dejó París para huir de la guerra y poder continuar con su medio de vida, el baile. África la acogió. Las colonias portuguesas, Angola y Mozambique, se convirtieron en su refugio. La mujer inquieta, madura, viajó y viajó a lo largo de un quinquenio. Del asombro extrajo elementos poéticos para las descripciones; de las dificultades, aspectos metafísicos para la reflexión. En sus artículos –de los que brindamos una selección– se muestra en ocasiones cauta, distante ante costumbres y culturas diferentes; la mayoría de las veces, la percibimos llena de emoción y humanidad. Los artículos recogidos en este libro, tratado con respeto y afecto por los miembros de la Fundación María del Villar Berruezo, ofrecen a lectoras y lectores la posibilidad de viajar con la artista al ritmo pausado de aquellos tiempos. Barcos y trenes fueron los vehículos empleados. Papel y pluma, las herramientas. Danza y escritura se alimentaron mutuamente. Curiosidad, hambre de vivencias, algunos desengaños, necesidad y voluntad, amalgamaron el destino de María del Villar.

Su obra literaria:

La primera experiencia editorial de María del Villar Berruezo fue la poesía. Publicó Alma desnuda, en 1953, en edición bilingüe, con prólogo y traducción del hispanista Francis de Miomandre; Mis nocturnos africanos, en 1957; y La tragedia de la Luz y de las Sombras en 1961, los tres editados por Sipuco, en París.

En 1969 ganó el Prix Decouverte Prose de Burdeos con el libro de relatos L’oeuf merveilleux que se publicó en 1970. En agosto del mismo año, el Ayuntamiento de Tafalla le concedió la Medalla de Oro de la Ciudad como reconocimiento al recuerdo de Tafalla y Navarra en su universo literario.

En 1971 apareció El Huevo Maravilloso en castellano, con prólogo de Agustín de Figueroa, en la editorial Tanagra de Madrid, compuesto por una serie de relatos sobre su infancia. Saudades… toujours, novela romántica que publicó Tanagra en 1973, se editó gracias al empeño de su amiga, la actriz Josita Hernán. En 1975 la editorial Gómez de Pamplona, publicó su último libro, cuatro relatos en los que vuelve a evocar su infancia en Tafalla, titulado La Carpia, su burro y yo, con prólogo de su sobrino, el escritor José Berruezo.

Un párrafo del libro:

“Desde este yermo altozano que he elegido como sitial para mis meditaciones, viendo en la lejanía que ya se tiñe de azul, edificios conocidos transformados por la luz y la distancia, me obstino en encontrar el sentido de inmensidad que pretendemos hallar en las propias emociones; me obstino en buscar la importancia de las cosas insignificantes y en querer detener las sensaciones que, no ignoro, son fugitivas como la ilusión.

Y por si todo ello no fuera bastante, deseo conseguir aprisionar la belleza de esta magnífica naturaleza, para luego poder comprender la palabra indefinible… ¡saudade!”.



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La Carpia, su burro y yo

Cuatro relatos a modo de memorias:

  • La Carpia, su burro y yo
  • Barba Roja
  • “Capucete” en San Gregorio
  • El palacio del tío Carape

Una escritora navarra

Prólogo de José Berruezo

María del Villar es una escritora navarra que reside en París desde hace muchos años: actriz –o aprendiz de actriz– primero; bailarina –gran señora de la danza– después; más tarde conferenciante, poeta y escritora cuyo nombre y obras figuran en los dos libros últimamente dedicados al estudio de los literatos navarros*. En todas esas actividades que llenaron la existencia de María del Villar hubo y sigue habiendo, como el hilo engarzador de los años que forman el rico collar de su vida, un constante recuerdo de su pueblo y de su tierra, de Tafalla y de Navarra.

Estos dos nombres entrañables fueron su mejor acicate en la lucha por alcanzar el triunfo, y cuando el éxito coronó tantas y tantas actuaciones ante públicos de tres continentes, hacia Navarra y hacia Tafalla volaba el corazón de María del Villar para ofrecerles, como un exvoto, los aplausos recibidos. Lejos ya de los escenarios, voluntariamente retirada en su estudio parisiense, la memoria, ayudada por la imaginación, reedita el viejo cliché de un Tafalla, de un Corella, a finales y comienzo de siglo, de las tierras de la Ribera navarra, donde transcurrieron la infancia y la primera juventud de la futura artista. Y su pluma borda sobre el cañamazo del tiempo, con las sedas y los oros del recuerdo, los sucesos, las anécdotas, los tipos de antaño que, al pasar por el filtro del corazón –precisamente al ser recordados–, cobran nuevamente vida trayendo hasta nosotros toda la gracia y toda la emoción, toda la ingenuidad y todo el encanto de unos días que son ya historia.
La pluma de María del Villar al contarnos el pasado de su existencia navarra y tafallesa cobra calidades excepcionales, convertida en pincel o en espátula que añade sugestivos relieves coloristas a las descripciones del paisaje circundante, de su entorno familiar, y que de manera especial pone vibración de verdad cuando nos confía las emociones surgidas del pequeño mundo que la rodea, o aquellas otras que nacían puras y espontáneas de lo más hondo de su corazón infantil.

En estas páginas la autora relata su peregrinación a Ujué en el burro de la Carpia, nos hace la confidencia de sus íntimos sentimientos hacia Barba Roja, de su despertar al amor por el frágil niño tuberculoso, o describe con fuerte realismo el lujuriante escenario de la huerta del tío Carape, y son de lo mejor que hemos leído como prosa descriptiva en las creaciones de la actual Literatura Española.

Encuadernación cosida, con solapas. Tamaño: 165 x 210 mm.

Volumen de 144 páginas.

P.V.P: 12 €



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Ojos

Ojos

Ojos, quiero ojos, para llevarme el alma que promete el paisaje, dice uno de los poemas de Esperanza Párraga, una poeta que reclama la mirada, la suya y la de los otros, como un camino para acceder al conocimiento y aprehenderlo. Una voz transparente y cálida, sincera, coherente, capaz de mecer las palabras para que nos envuelvan, y de zarandearlas para que nos taladren o nos coloquen al borde del abismo. Extranjera de su alma, la poeta reflexiona sobre los grandes temas de siempre, en una conmovedora evocación del otro, de su amor y de su pérdida. Un amor que se manifiesta a través del dolor, la familia, la Naturaleza, la crítica social, la dualidad del espejo. Sabe que mirar es detenerse, abrir los ojos y dejar que la luz se prenda en las pupilas, para darle forma al mundo y preguntarnos qué hay de cierto en lo que vemos, y por qué. Sí, la poeta lo sabe, como lo sabe Marina Díez Gutiérrez, autora de los bellísimos dibujos que ilustran la cubierta y algunos de los poemas. Porque mirar también es dibujar y dibujarnos.


Inma Chacón
(Extracto del prólogo)

Volumen de 100 páginas + CD. 20,00 €
Medidas 195 X 150 mm.
Encuadernación cosida, con solapas.
Ilustraciones de Marina Díez Gutiérrez
Prólogo de Inma Chacón

Carátula de Ojos

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Los útiles del alquimista

Los útiles del alquimista

Según el Dr. Robert Simon, profesor de la Universidad Estatal de Kennesaw (Georgia, EE UU) y epiloguista del presente volumen, la obra poética de Jesús Jiménez Reinaldo se puede clasificar como la de un poeta cuyas tendencias místicas se reúnen con la tendencia posmoderna y desconstructiva, en una felicidad irónica y tan inesperada como letal y desesperanzadora.

En todo, esta colección afirma el lugar de Jesús Jiménez Reinaldo entre los grandes poetas de los últimos cincuenta años en términos temáticos, técnicos, y en la presencia de lo místico como esencial para la desconstrucción de la simbología icónica de nuestra modernidad. La belleza multidimensional de sus versos nos ayuda a definir la obra de este poeta para todas nuestras experiencias vitales, sean dónde y cómo sean.

Volumen de 328 páginas. 16,00 €
Medidas 150 X 210  mm.
Encuadernación cosida, con solapas.
Ilustraciones de Liliana Elsa Fichter.
Epílogo de Robert Simon.


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