Edición de “La Carpia, su burro y yo”

Un libro de memorias imprescindible para conocer, desde la mirada y sensibilidad de la artista María del Villar Berruezo, la Tafalla y la Navarra de finales del siglo XIX y principios del XX.

La Carpia, su burro y yo

En el homenaje anual a la bailarina y escritora María del Villar Berruezo, celebrado en Tafalla el 9 de diciembre de 2016, presentamos el libro de memorias La Carpia, su burro y yo. Este libro, editado por primera vez en 1975, representa un eslabón entre la generación de nuestros ancestros, aquella comunidad rural donde todas las personas se conocían e interactuaban, y la actual de las nuevas tecnologías.
La aventura de vivir, bien lo sabemos por las crónicas de la época y los testimonios de nuestros mayores, estaba regida por los ciclos de la naturaleza o los pequeños acontecimientos de la vida cotidiana. La escritora María del Villar Berruezo, recordó muchos años después de haberlos vivido, la amistad con la humilde y singular Carpia, las romerías a Ujué, a San Gregorio o la estancia veraniega en el caserón de su tío Carape, en Corella. Para ella, que se entregaba a la vida apasionadamente, todo lo experimentado adquiría carácter de excepcionalidad. Aquellas vivencias de la infancia y la adolescencia, marcan y señalan la vocación de artista que desarrollará años después.
Escribe el historiador, periodista y escritor José Berruezo en el prólogo de la primera edición que hemos incluido en la actual: “Su pluma, borda sobre el cañamazo del tiempo, con las sedas y los oros del recuerdo, los sucesos, las anécdotas, los tipos de antaño que, al pasar por el filtro del corazón –precisamente al ser recordados–, cobran nuevamente vida trayendo hasta nosotros toda la gracia y toda la emoción, toda la ingenuidad y todo el encanto de unos días que son ya historia.
La pluma de María del Villar al contarnos el pasado de su existencia navarra y tafallesa cobra calidades excepcionales, convertida en pincel o en espátula que añade sugestivos relieves coloristas a las descripciones del paisaje circundante, de su entorno familiar, y que de manera especial pone vibración de verdad cuando nos confía las emociones surgidas del pequeño mundo que la rodea, o aquellas otras que nacían puras y espontáneas de lo más hondo de su corazón infantil”.

La Villarica

La evocación desencadena en María del Villar un torrente de profundas emociones. La mujer que ha viajado, conocido el éxito profesional y algunos fracasos, posee la facultad de recuperar a la niña que fue –la Villarica–, darle corporeidad y entregarla a los lectores con el colorido de su picardía, su tenacidad o sus caprichos de niña mimada; siempre con la autenticidad de quien no quiere esconderse en un ideal sino desvelar a un ser humano real.
Plena de luz y de sombras, María del Villar ofrece un fresco de personajes inolvidables, a los que aludía José Berruezo: la madre, el padre, los hermanos, los tíos curas, el primo Perico; las amigas y los amigos; las niñeras y las criadas; la Carpia, su marido Donato y el burro. También en sus relatos adquieren presencia vecinas y vecinos de Tafalla y Corella como Martinena, el de la fonda Media Oreja, Lázaro el cantarero, Salinas el chocolatero, Ángeles Sarabia, Petrita Jaurrieta, Margarita Zuza, Rosario Villayandre, Miguela, Florentina, Eulalia… Ellas y ellos, llenos de generosidad, entregados en cuerpo y alma a los oficios que vinculan al ser humano con las necesidades esenciales.
Además de esa riqueza evocadora, los cuatro relatos que conforman el volumen, encierran un léxico espléndido. Palabras en desuso que pertenecen al mundo rústico ya desaparecido: zoquete, terrizo, tárzano o ravellín, por ejemplo; lugares como El Serrallo; un sin número de expresiones populares –me paice que te lo voy a prestar– que aportan a la narrativa humor y frescura; incluso latinajos de esos que usaban nuestros abuelos y abuelas, per secula seculorum.
María del Villar Berruezo De Mateo relata magistralmente los azares de la vida cotidiana pero también la muerte y su oscura sombra protagonizan párrafos conmovedores desde lo profundo de los sentimientos.
Este libro de memorias, insistimos, resulta imprescindible para conocer, desde la mirada y sensibilidad de una artista, la Tafalla y la Navarra de finales del siglo XIX y principios del XX. ¡Que lo disfruten!

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