María del Villar Berruezo

Artista de la danza y la palabra, María del Villar Berruezo de Mateo nació en Tafalla (Navarra) el 9 de diciembre de 1888. Desde que inició sus estudios ya sabía que quería pertenecer al mundo del arte y se empeñó en la tarea, con la complicidad de una humilde mujer de llamada Carpia y la perplejidad de su familia en la que no faltaban un par de tíos curas.

María del Villar fue la menor de cuatro hermanos. Observadora, rebelde y sagaz, se preparaba en secreto para algo grande y cuando su padre murió, tomó la decisión de partir hacia Madrid. En el año 1912 subió al tren en la estación de su pueblo y puso rumbo a la capital donde intuía que sus sueños y aspiraciones se convertirían en realidad.
Interesada en el mundo del teatro, pronto estableció relación con gente de las letras y la farándula, tomando clases de declamación por recomendación de la actriz María Tubau. Acudió también a las clases de danza que impartía la profesora Julia Castelao, aprendizaje al que se entregó con sumo interés consciente de que una buena preparación sería la llave que le abriría las puertas del éxito.

Noré

En 1915 debutó en Lisboa con el nombre de La Sphinx y en su siguiente actuación se presentó ya como Noré, danzas egipcias. Bajo este apelativo exótico se sintió protegida pues le permitía reinventar una biografía a su personalidad de danzarina Bailó en Galicia, Levante, Andalucía, Gibraltar... Las numerosas reseñas de la época sobre su gira por toda la geografía nacional, proyectan la idea de una actividad frenética y desbordante. El 8 de abril de 1916 el periódico de Madrid El Liberal anunció con una foto de la artista su debut en el teatro Apolo con la Danza de las Almeas, en el Asombro de Damasco. El Parlamentario de Madrid, un año después, reseñaba en sus páginas que Noré era el asombro del Apolo. En esta época conoció al pintor y figurinista José de Zamora, de quien fue amiga y con quien compartió afinidades e inquietudes artísticas.

El 22 de marzo de 1920, llegó a París y al mes siguiente se presentó en el teatro Olympia interpretando a Chopin, Rubinstein, Vincent d'Indy... En un principio actuó con diversos nombres extravagantes del estilo de Delirio Patria. En la publicidad se le anunciaba como bailarina del Apolo de Madrid; a partir del año siguiente a su llegada se muestra ya con su verdadero nombre María del Villar. Las reseñas de la prensa francesa sobre sus actuaciones en los años veinte son numerosísimas. Reiteradamente aparecen textos en La Revue de France, la revista de las artes y las letras francesas, firmados por Fernand Divoire.El escritor francés Henry de Montherlant la cita en su libro "La petite infante de Castille" junto a las más representativas danzarinas del momento.
El hispanista Francis de Miomandre también le dedicó elogiosas palabras. (testimonios).

En 1925 realizó una gira por Inglaterra y también la prensa londinense recogió sus triunfos. El 8 de noviembre de 1925, tras actuar en el Coliseum de Londres, el periódico francés La Vie Bordelaise publicó una interesante "interviu", en expresión de la época. Eran palabras elocuentes sobre una artista que rompía los esquemas de las “frívolas” bailarinas españolas.

El repertorio que María del Villar interpretaba en esta época era rico y variado: Distintas composiciones de Albéniz (Seguidillas, Córdoba, Sevilla, Torre Bermeja...), Fandanguillo de Aroga, La Danse de Granados, Zambra gitana de Gayo, España cañí de Marquina, Gitanerías y tango flamenco de Romero, Flamencomanías de García y el Garrotín clásico de Monreal, en cuanto a sus interpretaciones flamencas o populares españolas. Otra parte de su repertorio, de contenido más exótico, al gusto del momento, estaba formada por la Danza egipcia de Armande de Polignac, la Danza hindú de Reinaldo Hahn, la Danza árabe de Tschaikowski y la Danza oriental de Breteuil. La parte relativa a las danzas plásticas estaba compuesta por la Marcha fúnebre de Chopin, Momento musical de Schubert, Serenata de Borodine, Vesper Chimes de Walter Decker, la Pavana para una infanta difunta de Ravel, Danza española de Manuel de Falla y la Rapsodia húngara nº 2 de Liszt.

En 1928 viajó a Argelia donde fue homenajeada por la Asociación de la Prensa. Sus actuaciones en la ciudad de Orán fueron celebradas con una considerable profusión de artículos en los que se le llamaba la mujer sol y se afirmaba que compartía el cetro del arte coreográfico español con Antonia Mercé, La Argentina.
En París, ese mismo año, actuó junto al tenor italiano Tito Schipa. Al año siguiente interpretó El amor brujo de Falla, en la inauguración del Casino Municipal de Biarritz.
En 1933 viajó a la isla de Curaçao y a Venezuela donde además de bailar, impartió conferencias sobre la historia de la danza, en Caracas, Valencia y otras ciudades del país. María del Villar estudió los orígenes y las distintas manifestaciones del arte de la danza. No sólo transmitió sus conocimientos en Venezuela; lo hizo también en Los Archivos de la Danza de París, en el Ateneo del Círculo de Bellas Artes de Madrid, y posteriormente en Angola, Mozambique y otros lugares.

En 1936 escribió dos artículos solicitados por la redacción del periódico francés Comoedia, publicados en sus páginas y reproducidos en varios periódicos franceses. Uno de ellos trataba sobre la guerra civil española y el otro, sobre la muerte de Antonia Mercé La Argentina.
Durante la segunda guerra mundial se refugió en Angola y Mozambique. En estas colonias portuguesas ofreció recitales de danza, impartió conferencias, colaboró en programas de radio y publicó numerosos artículos de opinión, relatos y poemas, en distintos periódicos y suplementos culturales. Es probable que bajo el sol tropical se gestara la mayor producción literaria de María del Villar, que fue convirtiendo en libros en los años posteriores.

Regresó a París finalizada la segunda guerra mundial y tras organizar una compañía de danza y transmitir sus conocimientos a algunas alumnas como Alma Carretero, la hija del conocido escritor de la época que firmaba sus textos como El Caballero Audaz, se entregó al ejercicio de la literatura.
María del Villar supo cultivar el arte de la amistad y el cariño de todos sus amigos; a muy avanzada edad, participó junto a buena parte de ellos en obras de teatro, exposiciones de pintura, recitales, homenajes, etcétera.
En el verano de 1972 regresó a Tafalla para recibir la Medalla de Oro de la Ciudad que le entregó el Alcalde en un acto celebrado en la Casa Consistorial.

La artista murió en San Sebastián el 26 de julio de 1977.  Los últimos años de su vida se entregó a la redacción de una extensa novela que llevaba el título provisional de Una odisea gitana. Relata en ella el largo y azaroso periplo de una tribu gitana que parte de su tierra india en el Rajastán, atraviesa Egipto y otros lugares hasta recalar en Granada. Esta obra permanece inédita.
Nuestra escritora recibió numerosos galardones en Francia, tanto en su época de bailarina como de escritora, y como dato curioso nos complace reseñar que poseía carnés de todas las bibliotecas de la capital francesa, donde pasaba largas horas investigando.

Sus amigos fundaron en París la Asociación de Amigos de María del Villar, bajo la presidencia del escritor Paul Mouroussy, a fin de conservar el recuerdo de tan gran dama de la Danza y de las Letras. Gracias al contacto con los miembros de esta Asociación, en la Fundación María del Villar Berruezo de Tafalla, hemos recopilado valiosos testimonios y documentos.